Yoga: El arte de habitar la calma
Dialogámos con Nicolás Benítez, instructor en mouna_tuespacio, a práctica del Yoga en el mundo actual
En un mundo marcado por la sobreestimulación y el ritmo acelerado, nos hemos acostumbrado a vivir desfragmentados. Pensamos una cosa, sentimos otra y terminamos actuando de una manera completamente distinta.
El yoga no es una mera serie de posturas ni un entrenamiento físico convencional: el yoga es unión. En su nivel más fundamental, es la disciplina que nos permite unificar el pensar, el sentir y el actuar para recuperar la coherencia interna y reconectarnos con el todo.
1. La desunión interna y el repliegue de los sentidos
Nuestros cinco sentidos están diseñados de forma natural para orientarse hacia afuera: si vemos algo atractivo, queremos tocarlo; si pensamos en algo apetecible, buscamos probarlo. Vivimos arrastrados por los estímulos del entorno.
El problema actual radica en que el exceso de información y la velocidad del día a día nos mantienen en un estado de alerta continua. Es aquí donde el yoga actúa como un freno consciente:
- Pratyahara (absorción sensorial): En lugar de que los sentidos salgan al encuentro del objeto, la práctica hace que se replieguen hacia el interior.
- Presencia y calma: Al replegar la atención sensorial, surge de manera natural un estado de paz. Para la tradición yoguica, la paz no es un concepto abstracto o místico, sino una ciencia de la presencia.
2. Los 8 pasos del Yoga: una escalera hacia la introspección
Para comprender el alcance completo de esta disciplina, es útil recordar que el camino trazado por la filosofía del yoga consta de ocho etapas progresivas:
- Yamas: Conductas y principios éticos respecto a la sociedad.
- Niyamas: Observancias personales y autodisciplina.
- Asanas: Posturas físicas.
- Pranayama: Control y regulación del sistema respiratorio.
- Pratyahara: Introspección y repliegue de los sentidos.
- Dharana: Estado de concentración focalizada.
- Dhyana: Meditación sostenida.
- Samadhi: Estado de superconsciencia o integración última.
3. Inteligencia corporal, respiración y la columna vertebral
En la dimensión física, el yoga trabaja a través del desarrollo de la inteligencia corporal.
El papel del movimiento y la postura estática
El trabajo físico suele comenzar de manera dinámica (por ejemplo, con los tradicionales Saludos al Sol) para calentar el cuerpo, preparar las articulaciones y ganar flexibilidad. Sin embargo, el impacto profundo ocurre en la postura estática (asana):
al permanecer en la postura, el trabajo deja de ser puramente muscular y empieza a impactar directamente en los órganos internos, las glándulas y el sistema endocrino.
La columna vertebral y la mente
Para la visión clásica del yoga, el cerebro no opera de forma aislada: “corre” a lo largo de toda la columna vertebral. Darle a la columna todos los rangos de movimiento posibles en cada sesión optimiza el funcionamiento del sistema nervioso y potencia las capacidades cognitivas innatas.
La respiración como puente eléctrico
La respiración es el nexo que une el cuerpo con la mente. En las fosas nasales existen receptores eléctricos que comunican directamente con el sistema nervioso central. Al regular la forma en que respiramos, modificamos inmediatamente el estado de nuestra mente. En la práctica, no se busca la perfección estética o gimnástica de la postura, sino la conexión consciente con la respiración dentro de ella.
4. «Adáptate, ajústate, acomódate»: consistencia sobre perfección
Siguiendo las enseñanzas del linaje de Swami Sivananda y Swami Satyananda, la clave de la práctica reside en la adaptabilidad.
En la actualidad, muchas personas sienten que “no tienen tiempo” para practicar o que se van a aburrir. Frente a esto, la premisa es clara: lo mínimo que hagamos hoy ya es un montón.
- La regla de la constancia: Es preferible realizar 6 saludos al sol y una postura bien hecha durante 15 minutos al día, que intentar sostener rutinas largas que no encajan en el ritmo de vida actual.
- Cambio de hábitos natural: La práctica continua purifica el organismo. Con el tiempo, es el propio cuerpo el que se convierte en un “seleccionador”, rechazando de manera orgánica aquello que le resulta pesado o nocivo (alimentación, ambientes, rutinas).
La salud mental y física no se transforman con promesas mágicas, sino con disciplina diaria. A medida que el cuerpo y la mente experimentan ese estado de calma profunda —a menudo nuevo para quienes viven con estrés crónico—, la propia naturaleza interna empieza a pedir ese espacio de práctica.
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